La demencia es una enfermedad adquirida (no se nace con ella), crónica o de larga evolución, que afecta a varias funciones intelectuales de manera global y persistente y que va a interferir en la capacidad del sujeto para realizar las actividades de la vida diaria y de relacionarse.

Actualmente, se conocen más de setenta tipos de demencia; de ellas, unas son secundarias, corrigiéndose al tratar la causa, otras son vasculares, en las que habría que controlar los factores de riesgo implicados en ellas y otras serían degenerativas o primarias, como la enfermedad de Alzheimer que sería irreversible e incurable. De todas las demencias, la enfermedad del Alzheimer es la más frecuente.

En general, la enfermedad de Alzheimer se inicia con la pérdida de memoria referida al conocimiento sobre el mundo y las experiencias vividas (memoria episódica), para más tarde aparecer trastornos del lenguaje (afasia), dificultad para la realización de movimientos aprendidos, aún teniendo la capacidad para hacerlos (apraxia) y dificultad para reconocer estímulos u objetos previamente aprendidos (agnosia).

En el momento actual, aunque sabemos mucho sobre la enfermedad, no conocemos su mecanismo etiológico exacto, por lo que las demencias en general, no se pueden prevenir. Sabemos que ciertos factores de riesgo, como la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia, van a favorecer formas vasculares de demencia, mientras que en otros casos se habla de traumatismos craneales, los tumores o incluso las infecciones como factores que influyen en su aparición. En todo caso evitar los factores de riesgo y seguir una hábitos de vida saludables favorecerán el envejecimiento con éxito, por ello son recomendables actividades físicas y mentales como elementos protectores de la demencia.

La demencia y, concretamente, la enfermedad de Alzheimer se suele relacionar con la pérdida de peso, posiblemente, debida a la incapacidad del paciente para alimentarse manejando los cubiertos, la imposibilidad de digerir alimentos consistentes o, incluso el no reconocimiento de la comida o los cubiertos. Los alimentos a ingerir no varían de los que constituyen una dieta normal; es decir, variados y ricos en nutrientes.

Una dieta con alimentos sanos para el cerebro debe incluir:

Vegetales de hoja verde: como las espinacas, acelgas, variedades de lechuga, el brócoli, etc. ya que son alimentos con muy pocas calorías y son una excelente fuente de vitaminas.

Es importante además introducir vegetales de diferentes colores:

Los colores naranjas aportan vitaminas,  son antioxidantes y previenen contra los daños ultravioleta, como: zanahoria, pimiento, naranja… Vegetales blancos que combaten infecciones como sería el ajo, la cebolla y el champiñón  y por último vegetales rojos y morados, que mejoran la circulación sanguínea y disminuyen el colesterol como el pimiento, el tomate.

Muy importante el consumo de nueces o frutos secos en general unos 30gramos al día, son ricos en vitamina E y omega 3 con lo cual favorecen los niveles de colesterol LDL, disminuyen la presión arterial y nos protegen contra la diabetes mellitus tipo2, además disminuyen el nivel oxidativo, mejorando la señal de los neurotrasmisores.

También es muy recomendable incluir en la dieta frutas como el arándano, las moras y las fresas, son potentes antioxidantes y protegen a las neuronas del daño de los radicales libres también son fuente importante de vitamina K y C.

Y por último siempre se ha dicho que una copita de vino al día (150ml), reduce la probabilidad de contraer ciertas enfermedades seniles y mejora la memoria, tiene un efecto antiinflamatorio en el cerebro y tiene propiedades antioxidantes, por lo tanto detiene el envejecimiento.

Los trastornos de comportamiento más frecuentes a la hora de comer serian los trastornos de memoria (puede no recordar si ha comido)los problemas de identificación de objetos ( cuchillo, tenedor) y la pérdida de normas sociales. Es importante establecer en estos pacientes un horario fijo para las comidas y simplificar lo máximo posible el acto de comer, así como dejar fuera de su alcance alimentos no permitidos.

La dieta a administrar va a depender más de la capacidad del enfermo para alimentarse que del alimento en sí. En principio no habrá contraindicaciones para que consuma una dieta, sana, variada y equilibrada. Únicamente en fases avanzadas de la enfermedad deberemos evitar presentarle alimentos que no sea capaz de partir antes de llevárselos a la boca o alimentos que puedan generar un atragantamiento. Para evitar que se atragante al beber agua, existen productos en forma de gelatina que a la vez que hidratan evitan el atragantamiento. Hoy en día en la farmacia disponemos de productos específicos para estas situaciones que nos aseguran una correcta y equilibrada alimentación como pueden ser los batidos Meritene, purés, cereales y potitos de una infinidad de sabores totalmente dirigidos a las personas mayores.

Inmaculada Hernández Sirvent.

Dietista-Nutricionista

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